In memoriam, Ernesto Sabato (1911-2011)

La generación del ‘900 en Uruguay

Vista parcial de la Ciudad Vieja, en las inmediaciones de la Iglesia Matriz, alrededor de 1900

Vista parcial de la Ciudad Vieja, en las inmediaciones de la Iglesia Matriz, alrededor de 1900

I: Los tiempos estaban cambiando (introducción breve)

 

Si se trata de hablar de ese movimiento tan importante que fue para nuestras letras la Generación del ‘900, es imprescindible también expresar algunas palabras acerca de cómo Uruguay fue transformándose en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del XX.

En 1876 José Pedro Varela publica un libro llamado “La legilsación escolar” y, en cierto pasaje del mismo, el autor plantea que es imposible establecer una educación de calidad en una sociedad como la uruguaya considerando los problemas que tenía por esos años. Varela es claro: no se podían establecer escuelas y hacer que la educación cumpliera su papel adecuadamente si se vivía en un país en el que la guerra y la violencia eran una cosa de todos los días. Y así era: desde la independencia del país a la fecha en que Varela escribe eso, se sucedieron dieciséis revoluciones que enfrentaron a blancos y colorados por quedarse con el poder. Varela dice que la guerra era el estado natural de nuestra república y que los años de paz o de relativa tranquilidad eran muy pocos.

Más o menos en esa época en que Varela publica esa obra, un escritor inglés recorría nuestras tierras observando la vida de su población y también el comportamiento de sus pájaros, ya que también se dedicaba a la ornitología (la rama de la zoología que estudia el comportamiento de las aves). Se trataba de William Henry Hudson, que algunos años después, ya en Londres, iba a escribir una novela titulada “The purple land”, o sea “La tierra purpúrea”. Por lo que se sabe, Hudson estuvo en nuestro país en los días en que el caudillo blanco Timoteo Aparicio se rebeló contra el Presidente colorado Lorenzo Batlle e inició la Revolución de las Lanzas, en 1870. En la novela, el protagonista, llamado Richard Lamb. se ve envuelto en una batalla entre blancos y colorados, algo que bien pudo haber presenciado el escritor. Para muchos estudiosos, el título de la novela se refiere a la tierra que queda púrpura de tanta sangre derramada, de tantos enfrentamientos y hechos violentos en los que los uruguayos dejaban la vida. La expresión “tierra purpúrea” entonces, bien podría ser una especie de metáfora de lo que era la situación social de nuestro país en el siglo XIX. El degüello, por ejemplo, era una práctica usual en los enfrentamientos. Al finalizar una batalla se hacía sonar lo que se llamaba el “toque de degüello”, y posteriormente los vencedores pasaban a degollar los cuerpos de los vencidos, estuvieran muertos o haciéndose los muertos…

II: Rompan todo

 

¿Y por qué toda esta historia previa para hablar de la Generación del ‘900? Por lo siguiente…

Porque Uruguay cambió, y cambió mucho en un período relativamente breve de su historia. El pasaje del siglo XIX al XX trajo la “modernización” en muchos aspectos: las comunicaciones, las costumbres, la tecnología, la moda, y, por supuesto, las expresiones culturales todas. Sobre fines del XIX nació en América un movimiento literario denominado Modernismo (para muchos con la aparición del libro “Azul…”, de Rubén Darío, en 1888). El Modernismo es parte de ese impulso de renovación que se vivía en la época, y en cuanto a las obras de los escritores modernistas, en ellos predominaba la búsqueda de la innovación tanto en el uso del lenguaje como en los temas que abordaban. Los modernistas pusieron especial atención en la elaboración del lenguaje que utilizaban, caracterizándose el mismo por la riqueza y la musicalidad en la elección de las palabras (aspecto, entre otros, que tomaron de los poetas simbolistas franceses). La pasión por lo nuevo también los llevó a interesarse por lo profundamente americano, por buscar un modo de expresión, un modo de decir las cosas que representara realmente a América, y que la distinguiera de la cultura europea. En nuestro país, los seguidores del Modernismo fueron los integrantes de la Generación del ‘900, poetas como Julio Herrera y Reissig, Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira o Roberto de las Carreras; narradores como Horacio Quiroga, Carlos Reyles o Javier de Viana; dramaturgos como Florencio Sánchez; pensadores como José Enrique Rodó o Carlos Vaz Ferreira.

Hablar del ‘900 uruguayo es hablar de una ruptura en nuestras letras, es hablar de la aparición de un grupo de escritores como no había tenido este país hasta esa época. También, a primera vista puede pensarse que todos estos autores tenían estilos y temáticas similares. Sin embargo, si bien en todos estaba la preocupación por la novedad y por la renovación de la expresión (como en el Modernismo), puede notarse una gran variedad de enfoques. Dicho ánimo de ratificar la novedad y los desafíos de un mundo nuevo puede verse en el pensamiento de José Enrique Rodó, en obras suyas como “Ariel” o “La vida nueva”. Casi podría decirse que en esos libros hay un tono esperanzador. ¿Pero qué sucede si pasamos a Florencio Sánchez? En las obras de teatro de Florencio predomina la fuerte crítica social, demostrando a veces de manera muy fuerte la tristeza y el desamparo en el que vivía mucha gente. Y los ejemplos pueden seguir. En Julio Herrera y Reissig vemos la fineza en el trabajo de cada verso, buscando una máxima persuasión en el lector a través de la musicalidad y la evocación de imágenes. Herrera y Reissig fue un poeta interesado además por la novedad de lo exótico. Su amigo, el también poeta Roberto de las Carreras, fue una personalidad extrema y polémica para el Montevideo de la época. Él estaba a favor de la liberación sexual y de la libre expresión de la sexualidad, lo que chocaba con la dura moral de esos años, llena de prejuicios y costumbres que iban quedando en desuso. En este último caso vemos dos de los temas que inquietaron a la Generación del ‘900: el sexo y la moral. Para citar otro ejemplo, otra poeta, Delmira Agustini, incluye en sus versos un fuerte contenido erótico y una defensa de los derechos de la mujer al placer sexual. Es por esto que podemos volver a hacer hincapié en lo de la renovación. Poetas como Herrera y Reissig, de las Carreras o Agustini se adelantaron a su época; ellos sintieron que vivían en una sociedad que se había quedado vieja en su moral, en sus costumbres, en su manera de observar el mundo y sus cambios; por eso plantearon a través de sus obras la posibiliad de una “nueva mirada”, aunque hayan sufrido el desprecio de los demás por eso. Otro escritor, Carlos Reyles, en su novela “La raza de Caín”, toma también este tema narrando la vida de unos personajes jóvenes que entran en la adultez sintiendo que no encajan con los valores de la sociedad en la que están. Pero hablar de la Generación del ‘900 es hablar de un fenómeno muy complejo y más extenso, donde entran por ejemplo autores que se preocupan por lo gauchesco, como el mismo Carlos Reyles o Javier de Viana. Incluso el mismo Horacio Quiroga es un caso especial en este conjunto de escritores, ya que al irse tan pronto de Montevideo (luego de matar accidentalmente a su amigo Federico Ferrando en el año 1902), se instala en Buenos Aires, por lo que pierde mayor contacto con los autores del ‘900 uruguayo. Además, el encuentro con la selva del norte argentino fue para este escritor un giro inesperado en su manera de escribir. Sin embargo, Quiroga no deja de ser (aunque raro) un hijo de su época, y pueden encontrarse ejemplos de sus cuentos en los que el lenguaje recuerda la manera de escribir de los Modernistas, de los integrantes de su generación.

Damián González Bertolino

Entonces la Literatura era… Era… ¿Era?…

Cuando buscamos normalmente la palabra “literatura” en un diccionario surgen dificultades. El diccionario de la Real Academia Española, por ejemplo, sostiene que la literatura es el arte que utiliza como medio de expresión la lengua. Incluso podemos hallar algunas otras definiciones un poco más específicas que nos dicen que la literatura emplea la lengua escrita y no la oral. Esto se debe a que el término “literatura” viene del latín “litteratura”, y este de la palabra “littera”, que hace referencia a lo que está escrito. Por lo tanto tenemos ahí una ayuda. Los textos que pertenecen a la literatura “están escritos” (sería, entonces, un error hablar de “literatura oral”, sería una contradicción). Pero si los textos literarios están escritos, ¿todos los textos que vemos escritos a diario pertenecen a la literatura? ¿Un cartel de CEDA EL PASO es literatura? ¿Es literatura un simple mail o un mensaje de texto o una receta de cocina? La respuesta sería NO. Porque los textos literarios son aquellos que poseen un valor “artístico”. Esto quiere decir que en ellos encontramos valores como la originalidad, la habilidad en el uso del lenguaje o la capacidad de ofrecer lecturas e interpretaciones inagotables. A veces existen polémicas entre los especialistas: algunos dicen que ciertos libros no poseen esos valores y otros dicen que sí. Incluso textos que en una época no fueron considerados literatura, hoy lo son. Podría decirse que lo que es literatura depende de lo que determinada sociedad considere que es literatura en determinada época (como vimos en clase que sucedió con el diario de viaje de Cristóbal Colón). Lo importante es que la literatura es una especie de tensión en el uso del lenguaje.

“La guerra de los mundos” (el radioteatro de Orson Welles)

Esta mañana, en 3º4, algunos estudiantes notaron que entre las cosas que llevé y que había puesto en el escritorio se hallaba un libro en especial: la novela “La guerra de los mundos”, del escritor inglés H.G. Wells. Seguramente ustedes recuerden la versión de esta novela que se llevó al cine en 2005, dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise. Pero Augusto, en la clase, recordó que hace muchos, muchos años atrás, alguien, un joven llamado Orson Welles, hizo una adaptación de esta novela para una radio de Estados Unidos en 1938. Y el resultado fue… el PÁNICO TOTAL.

Orson Welles escribió y difundió este radioteatro en la radio CBS en 1938. El mismo es una adaptación de la novela “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells. En una noche de 1938, millones de oyentes a lo largo de los Estados Unidos, fueron sorprendidos en medio de una común y corriente transmisión nocturna de música con una serie de boletines informativos que mencionaban la llegada de una invasión de extraterrestres desde el planeta Marte. Por supuesto: a nadie se le avisó que se trataba de una obra y no de un programa informativo, por lo que la histeria y el terror se apoderaron de la gente. Hubo gente que estuvo a punto de suicidarse, hubo gente herida o accidentada al huir de “supuestos” marcianos que habían visto. Pero nada ocurrió. Nadie invadió el planeta Tierra (en realidad llegaban a una pequeña localidad de New Jersey, en Estados Unidos). Recién cuando la emisión de radio terminó se supo que todo había sido un invento, una obra escrita por un joven creador. De hecho, la persona que había creado todo esto tuvo que comparecer posteriormente ante la justicia. Ese joven creador con el tiempo se iba a transformar en uno de los más grandes directores de cine de todos los tiempo: Orson Welles. A menudo se ha estudiando lo que ocurrió con esa transmisión de radio desde las ciencias de la comunicación y desde la sociología como un ejemplo poderoso de lo que los medios de comunicación pueden llegar a desatar en la gente.
Lo que van a encontrar en el siguiente video es la transmisión entera, subitulada en español y con explicaciones afines para que podamos comprender mejor cómo la gente la oyó. Se trata de uno de los grandes fenómenos radiales del siglo XX. Que lo disfruten.

Comienzo del Taller de Escritura Creativa

(a meter tecla)

Este martes 29 de marzo a las 17:00 hs. comienza el Taller de Escritura Creativa en nuestro Liceo 2.
Como saben, está dirigido a aquellos estudiantes a los que les guste escribir cualquier tipo de textos. No es obligatorio, no se otorga calificación. Simplemente asistimos a él por puro gusto y porque nos gustan sobre todo tres cosas: escribir, leer y pasar un buen momento con los compañeros.
Quienes asistan deben llevar dos cosas: un cuaderno y una pequeña libreta.
Los espero. Un abrazo.
El profesor Damián.

 

“Paperback writer”, The Beatles

[y hablando de escritores… ]

 

The Beatles: «Paperback writer»Dear Sir or Madam, will you read my book? / It took me years to write, will you take a look? / It’s based on a novel by a man named Lear / And I need a job, so I want to be a paperback writer / Paperback writer / It’s the dirty story of a dirty man / And his clinging wife doesn’t understand / His son is working for the Daily Mail / It’s a steady job but he wants to be a paperback writer / Paperback writer / Paperback writer / It’s a thousand pages, give or take a few / I’ll be writing more in a week or two / I can make it longer if you like the style / I can change it round and I want to be a paperback writer / Paperback writer / If you really like it you can have the rights / It could make a million for you overnight / If you must return it, you can send it here / But I need a break and I want to be a paperback writer / Paperback writer / Paperback writer / Paperback writer, paperback writer / Paperback writer, paperback writer / Paperback writer, paperback writer / Paperback writer, paperback writer…

The Beatles: «Novelista» (*)

Querido Señor o Señora, ¿leerá mi libro? / Me tomó años escribirlo. ¿podría echarle un vistazo? / Está basado en una novela de un hombre llamado Lear / Necesito un trabajo, así que quiero ser un novelista / Novelista / Es la sucia historia de un hombre sucio / Su pesada mujer no lo entiende / Su hijo trabaja para el Daily Mail / Es un trabajo seguro pero él quiere ser un novelista / Novelista / Novelista / Son unas mil páginas, más o menos / Podré escribir más en una semana o dos / Puedo escribir más si le gusta el estilo / Puedo darle un giro, porque quiero ser un novelista / Novelista / Si realmente le gusta puede comprar los derechos / Te puedo dar un millón de la noche a la mañana / Y si debes devolverlo, puedes enviarlo hasta aquí / Pero ahora necesito un descanso, quiero ser un novelista / Novelista / Novelista / Novelista…

(*) No existe en español un término preciso para traducir «paperback writer» en una palabra o dos. El resultado sería «escritor de libros de bolsillo», es decir un escritor que publica libros que podríamos denominar como «comerciales», o «best-sellers», ya que se aguarda de ellos una gran venta y muchas veces están escritos pensando en esas futuras ventas. 

¿Por qué escribimos?

Mario Vargas Llosa, el escritor peruano que el año pasado ganó el Premio Nobel de Literatura

[La siguiente es una serie de opiniones de escritores que estamos trabajando por estos días en clase y que aparecieron originalmente en el suplemento cultural “adn”, del diario La Nación de Buenos Aires. Pueden leer la nota entera haciendo click aquí.]

John Banville
Escribo porque no sé escribir. Un periodista le preguntó a Gore Vidal por qué había escrito Myra Breckinridge , a lo que contestó: “´Porque no estaba ahí”´. Fue una buena respuesta. Poner algo nuevo en el mundo es un privilegio que no se le concede a mucha gente.

Mark Haddon
Ficción, poesía, teatro, pintura, dibujo, fotografía… en realidad eso no importa. Un día que no consigo hacer alguna cosa, por pequeña que sea, me parece un día desperdiciado. A veces puede parecer una bendición ser así, saber con tanta certeza lo que quiero hacer, pero a menudo es un sufrimiento, porque saber lo que quieres no es lo mismo que saber cómo hacerlo. ¿Por qué escribo? La única respuesta es “porque no puedo hacer otra cosa”.

Santiago Roncagliolo
Debería decir que escribo porque no sé hacer nada más, pero intentaré una respuesta más profunda: creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido.

Mario Vargas Llosa
Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura. En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima, la más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida. La famosa frase de Flaubert que siempre cito: “Escribir es una manera de vivir”. En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura.

Alberto Manguel
Porque no sé bailar el tango, tocar un instrumento musical como la celesta o el glockenspiel, resolver problemas de matemáticas superiores, correr una maratón en Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, jugar al fútbol, jugar al rugby, excavar ruinas arqueológicas en Guatemala, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario, hacer carpintería, construir una cabaña en Algonquin Park, conducir un avión a reacción, hacer surf, jugar a complejos videojuegos, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, hacer costura, traducir del árabe y del griego, realizar la ceremonia del té, descuartizar un cerdo, ser corredor de Bolsa en Hong Kong, plantar orquídeas, cosechar cebada, hacer la danza del vientre, patinar, conversar en el lenguaje de los sordomudos, recitar el Corán de memoria, actuar en un teatro, volar en dirigible, ser cineasta y hacer una película en blanco y negro, absolutamente realista, de Alicia en el País de las Maravillas , hacerme pasar por un banquero respetable y estafar a miles de personas, deleitarme con un plato de tripas à la mode de Caën , hacer vino, ser médico y viajar a un lugar devastado por la guerra y tratar con gente que ha perdido un brazo, una pierna, una casa, un hijo, organizar una misión diplomática para resolver el problema del Medio Oriente, salvar náufragos, dedicar treinta años al estudio de la paleografía sánscrita, restaurar cuadros venecianos, ser orfebre, dar saltos mortales con o sin red, silbar, decir por qué escribo.

Javier Marías
Escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar. También porque no hay muchas más cosas que sepa hacer, y lo prefiero y me divierte más que traducir o dar clases, que al parecer sí sé hacer. O sabía, son actividades del pasado. También escribo para no deberle casi nada a casi nadie ni tener que saludar a quienes no deseo saludar. Porque creo que pienso mejor mientras estoy ante la máquina que en cualquier otro lugar y circunstancia. Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse “lo real”. Lo que no hago es escribir por necesidad. Podría pasarme años tan tranquilo, sin escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo, y algún dinero hay que ganar. También escribo para eso.