La soledad y la creación literaria

Así como ocurrió con otras obras de Morosoli, en el año 1971 la editorial Banda Oriental, de Montevideo, dio a conocer otro libro de este escritor minuano que aparecía luego de su muerte. Se trata de “La soledad y la creación literaria”. No es en sí un libro de cuentos, un libro de ficción. Es un libro de ensayos. En él pueden encontrarse reflexiones y exposiciones de conceptos que Morosoli hace a partir de cosas que le preocupan. El éxodo del campo, la pobreza del mismo, la relación entre el hombre y el paisaje y la soledad, todos esos son temas que se tocan de una manera u otra. A continuación les dejo una breve selección de citas de ese libro para complementar lo que hemos trabajado en clase.

D.G.B.

De “La cansera del hombre de campo”:

“(…) cada vez quiero más el campo y su hombre. Tal vez porque cada vez lo comprendo mejor en su desamparo, y cada vez admiro más el estoicismo de su carne capaz de todos los dolores, y el de su alma firme y seca –mineral, bronce o hierro- continuación de aquélla de Castilla la árida, la de Machado, la de ‘polvo, sudor y hierro’, y a la que tenemos que salvar de la cansera. Esto es cosa urgente, muy urgente. La cansera está formada de sentimientos negativos y se cae en ella cuando ya no se cree en nada, y vivir es una forma de no morir y nada más.”

“Hablaré también del niño del campo, de quien tal vez ustedes no conocen sus juegos y el andar de su espíritu –como un bichito desesperado- buscando alguna cosa con gracia donde detener su espíritu y fatigar su impulso irrefrenable de movimiento y alegría. El niño del campo, menos feliz que el potrillo que puede correr y saltar en torno de su madre y que el ternero que también juega con la apacibilidad cariñosa de la vaca. La madre del hijo del hombre no puede tener estas complacencias. No creo que haya nada más dramático que ver jugar un niño que no tiene con qué jugar. Esto es lo que deseo mostrar, hasta que todos sientan la necesidad de ver. De ir al conocimiento directo del campo. El hombre de allá no podrá salvarse viniendo a la ciudad. Esto es lo que lo ha perdido. Y lo que perderá a la ciudad. El hombre de campo no podrá salvarse hasta que la ciudad vaya a él y lo comprenda y lo mejore en la ley. Campo y ciudad son dos cosas disociadas.”

De “Minas: el hombre y el paisaje”:

“La zona serrana, piedras y arbustos ríspidos, pastos gruesos, carqueja y carquejilla, está llena de sorpresas. Pequeños valles –pañuelos de tierra negra cubiertos de gramilla- aparecen en los bordes del lomo de la cerrillada. el cantil está emboscado en el mechón de chilca. La piedra roma –llamada piedra bocha- asoma a veces en estos valles mínimos, sola y naturalmente –isla blanca en la alfombra de verdes profundos- como una planta, con la gracia de una cosa lisa y curva, entre el erizamiento de picos breves de una intención de sierra. Una cañada echa a andar bajo la raíz desesperada de un árbol asentado en una grieta de la roca, crea el berra y la islita de menta macho y de pronto se queda sin voz y sin presencia al llegar a un accidente del terreno donde talares y grises y arueras y coronillas de cerno negro, fraternizan dolorosamente. La tuna mota de negro, erizada de espinas, destila una flor dulce y dorada, como un higo destila una gota de miel, y un entramamiento de coronillas rastreras de espinas más fuertes que las ramas, cierran el paso a hombres y bestias.

Todo desconcertante, encontrado de frente para la fatalidad del choque. Y al fondo del silencio total, comentario justo a la dolorida adustez del paisaje, balidos de chivos y ovejas. A veces rasga el silencio, como un cuchillo rasga un lienzo estirado, el golpeteo seco del pica-palo, ave de madera y plumas de metal, sin gracia y sin música, cuyo vuelo tiene más de pedrada que de ala. La oveja y el chivo y el árbol erizado de espinas y la piedra en lajas siempre. Y otra vez lo mismo y nuevamente otra vez igual. Siempre. Esto da fatalmente un hombre recio pero sin reposo, sin la gracia de lo que está en su ámbito. Un tipo de pupila dura que ignora la gracia de contemplar porque otea y no mira, penetra y no acaricia. Y da el lenguaje que le acomoda. Frases cortas y punto. Adjetivo y punto y silencio. Y otra vez el silencio, al que desciende y hurga, y revuelve y revisa, buscando encontrar la verdad dura de la palabra. Asombra la conversación de estos hombres por la sobriedad angustiosa de palabras y la profundidad de sus silencios. Tras la palabra cae el silencio, que el que oye une a la palabra y penetra y descifra, encontrando recién el pensamiento desnudo como si éste siguiera a aquélla como sigue la raíz al tallo tironeado. El silencio es la caja de resonancia de su pensamiento. (…) este hombre da su angustia en el silencio. El silencio que uno a veces supone sin resonancia interior. Sale de él con monosílabos, a tirones de su dificultad de encontrar voz a su pensamiento, o mejor al sentimiento de su soledad, instrumento de uso íntimo tal vez hundido en lo profundo de su conciencia por la adustez pinchuda de la realidad circundante.”

De “La soledad y la creación literaria”:

“Es que hay dos soledades. La del hombre que la conquista para descifrarse, y que sale desde su interior ya alumbrado con ella, y la que va ganándole de afuera –de las cosas, del paisaje sin cosas que él mismo pudo crear para embellecerlo-, del paisaje también con soledad que va desde afuera hacia adentro para poseerlo. Este hombre es el de nuestro campo. La impresión de su desamparo no la da sin embargo cuando transita por él. La soledad está en la estancia, en la casa. Allí se advierte que ella es la vencedora. La vencedora de los ojos, las manos y el oído. Allí el hombre ya no necesita cosa alguna. Ni preguntar, ni partir, ni reír, ni llorar. Sólo necesita estar como un objeto colocado en el vacío no para decorarlo sino para medirlo. (…) Camina arrastrado por su propio vacío que busca colmarse. Y como camina sin recuerdos porque no los tiene, no busca regresar. Eso explica la enorme multitud de hombres que luego de partir de su pago no regresan más a él. Ni rostros, ni sucesos felices, ni recuerdos amables, ni siquiera la evocación de un paisaje como un llamado de la tierra les golpea el espíritu. Parecen haber huido de un pedazo de su vida. Más que caminantes que buscan un lugar de reposo sedante, parecen fugitivos, desplazados por un enemigo. Caminan en busca de una conquista imposible pues no saben por qué partieron. Ignoran que van tras un sueño que no conocen.”

 

 

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7 Respuestas a “La soledad y la creación literaria

  1. hello profe de pasada no mas eh······

    paula.t

  2. Está bien, Paula…
    Un abrazo.

  3. Hallo Lehrer!davon?und sollten nicht so viel Verständnis für die deutsche oder vielleicht … aber wenn!! jajajaja! me fui al carajo no?jeje bueno le dejo un saludo y esta d+ el blog y aparte ese espacio nuevo del que nos comento va a estar buenisiiiimo!!
    nos vemossss!!!
    voy a seguir estudiando…estoy de fugada y de pasadita :p!!

    Tschüss!!

    si no entiende lo q puse al principio despues le digo juazzz!

  4. Mandy:

    Tanke…
    guten nacht!

  5. okay profe!
    jajaja! que bueno que me entendio!
    saludosssss!

  6. ::::HOLA PROFE COMO ANDA?::::

    ::::YO BIEN ACA PASANDO::::

    ::::LINDAS LAS COSAS QUE HAY::::

    :::::BYE BYE BYE BYE ME FUI::::

    ::::YOP::::

    ::::____**JUDITH**____::::

  7. HOLAASS faaa q dsastre profe firme en algo q puso hace pilaaaa jejejeje!
    grax x su ayuda!!!!!
    tiene el total apoyo d mi parte cn el blog y todo lo q haga… suerte!
    Ahhh cuidse profe q anda medio enfermito.
    Es un gran profe… sabelooo
    BSTS!

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