“La yararacusú”, de Horacio Quiroga

Acá les dejo uno de los tantos textos que Horacio Quiroga publicó en la revista CARAS Y CARETAS. En este caso, un texto que toca muy de cerca la temática y los planteamientos de “A la deriva”. Fue publicado en el año 1924, o sea siete años después de la aparición del libro “Cuentos de amor, de locura y de muerte”, donde está el cuento que hemos trabajado en clase. Ustedes van a notar cómo las coincidencias, si bien “A la deriva” es un texto con más densidad, no se dan solamente con la aparición de la yararacusú, sino en deteminadas temáticas o preocupaciones que tuvo el autor a lo largo de su obra entera. A continuación va el texto…

Si se exceptúa a algunas pequeñas y torpes víboras de coral, la totalidad de nuestras serpientes venenosas son yararás. Puédese casi asegurar a ciencia cierta que todo hombre o animal doméstico o salvaje muerto por una víbora, ha sido mordido por una yarará.

Estas víboras pertenecen a ocho o diez especies distintas, pero sumamente parecidas entre sí. Tan vivo es el parentesco, que apenas alguna especie se diferencia del resto de la familia por dos o tres caracteres sensibles.

En la Argentina, la yararacusú goza en primer término de este privilegio, por ser la más grande, la más fuerte, la más hermosa y la más mortífera de todas las primas hermanas. Merece, pues, ser considerada la reina de nuestras víboras.

Hacía ya tiempo que no había trabado relación con estos animalitos sin lograr contacto con un poderoso ejemplar, cuando la casualidad me puso a cinco centímetros de la muerte en el fondo de un pozo, con una yararacusú por todo auxilio.

He aquí en qué prolijas circunstancias: persistiendo desde tiemp atrás la sequía, en Misiones, una siesta de verano me trasladé al monte, con el fin de limpiar un pozo cuya profundidad no pasaba de dos metros, y que manaba apenas tres gotas de agua por minuto.

En un monte de aquellos reina naturalmente el crepúsculo. El ambiente, privado del menor soplo de aire, es asimismo asfixiante. Sin camisa, pues, a despecho de las esquirlas de piedra que levantaba el pico, yo trabajaba concienzudamente en el pozo.

Para mover las grandes piedras del fondo, tuve que recurrir a la barreta, haciendo palanca con la espalda contra las paredes del pozo. Concluida esta tarea, alisé en lo posible las piedras a medio desprender de las paredes, quitando algunas y forzando a otras en su alvéolo.

Iba ya a dar fin al trabajo aquel, cuando al llevar la mano a una piedra saliente, a la altura de mis hombros, creí notar, en un sombrío, si bien poco profundo, hueco que se abría encima de ella, algo equívoco que no formaba precisamente parte de la piedra. Sin detenerme a considerar qué podría ser o no ser aquello, cogí la punta de la piedra para levantarla. Y entonces distinguí sobre el fondo oscuro, y totalmente oscuras en su blancura de nácar, las dos mandíbulas de una enorme víbora.

Yo estaba, como he dicho, sin camisa; y la bestia estaba agazapada a cinco centímetros de mi cuello. Su cabeza reposaba sobre la piedra, casi a ras de la pared. Durante dos o tres horas yo me apoyé de hombros y de cabeza contra todas las piedras de las paredes, haciendo palanca sobre la barreta. Veinte veces la lúgubre bestia tuvo mi cuello a tiro de sus colmillos. Y había sido necesaria mi torpe tentativa de quitarle su almohada, para que la yararacusú me diera voz de alerta.

Pues ésta es, sin duda, la moral de la víbora:

Tras el primer instante de inquietud ante mi presencia en el pozo, ella había adquirido por mis maniobras la certeza de que yo no pretendía hacerle daño. Me observó seguramente de hito en hito durante las tres horas, sin mover su garganta de la piedra. Tal vez yo sacudí con el hombro o la cara su misma piedra, ofreciéndole las carótidas a cuatro dedos, sin que ello alcanzara a cambiar su pacífica aunque sombría expectativa a mi respecto.

Pero cuando yo levanté decididamente la piedra que le servía de almohada, ella desgarró súbitamente hasta la vertical sus fauces de nácar.

-¡Cuidado! -quería decirme- ¡Si no me dejas tranquila, muerdo!

Esta es la moral de la víbora, y yo vivo aún para confirmarla. Pero mi moral -la nuestra- sufrió con la circunstancia un duro quebranto. A despecho de las botas, los tubos de suero y la constante preocupación contra las víboras, yo acababa de entregarme, de entregar literalmente las arterias del cuello desnudo a una venenosísima yarará. De haber sido mordido en tal sitio y por tal bestia (medía más de dos metros), yo no hubiera tenido más tiempo que el de acordarme a prisa de mis chicos, para quedar luego muy tranquilos, en el fondo del pozo, el pico, la barreta y yo.

Quien quedó en cambio, en idéntica compañía, fue la yararacusú. Di menos pruebas de honradez que la víbora, lo reconozco; pero cuando se tiene cuarenta y tantas gotas de veneno en cada glándula, no se debe dejar testigo vivo de su poder.

Anuncios

24 Respuestas a ““La yararacusú”, de Horacio Quiroga

  1. Gracias profe por la inf.
    Mañana le entrego la pruebo la prueba de recuperacion =P
    Saludos y gracias jeje.

  2. Gracias por la información de la Vibora me sirvio para un trabajo practico de la escuela

  3. necesito informacion de la vivora ja!

  4. garcias necesitba esto para rendir un oral .

  5. Por favor necesito mas informacion!!! Esto me ayudo muchisimo pero no lo suficiente para escribir el escrito y dar el oral y despues el examen.
    Para que me pacen mas info llamenme o mandenme un e-mail:
    Tel: 15-4529-4618
    Mail: marquitosalverz_92@hotmail.com

  6. gracias me sirvio para literatura

  7. quisiera queme enviaran fotos de yaracuzu es para un trabjo practico gacias

  8. estuvo reee bueno me encanto la histiris

  9. necesito ayuda !!! el analisis estructural de la teoria de roland barthes

  10. Muy bueno 🙂
    Sin dudas un genio Horacio Quiroga.

  11. gracias me sirvio la informacion
    para una noticia que devo chacer sobre
    el texto a la deriva muchas gracias….

  12. graciaas por el inf. tiene contenidos al cual m servian par my trabajo

  13. no me sirve de nada jajajja

  14. emmmmmmmmm no me sirbeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee hello

  15. perfecto me sirvio para un trabajo

  16. no me sirvio para nada

  17. no entiendo un porongo ; si estuviera vivo le mandaria un msj por face asi me contesta las preguntas de lengua y literatura viejo d mierda el y sus cuentos

  18. chaco
    melisa
    gracias por la informacion me sirvio para el instituto

  19. Yo estoy viendo ” A la Deriva” en mi libro de Antología 7 para 7 año.
    Yo solo quería saber mas sobre esa serpiente…

  20. lei el relato y pense q solo habia sido un cuento y recien me entero q se trato de algo vivido en realidad la verdad q es de no creer q semejante ofidio perdone asi la vida siendo un superdepredador respetado y mortifero

  21. Gamboa Meza Rodrigo Alvaro

    Sólo me queda la duda: Cómo se salió el hombre de ese pozo, con semejante susto, y temblor me imagino hasta en los pelos, pues estos animalitos no se espantan como a un perro o a cualquier pájaro. Mis respetos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s